martes, 25 de agosto de 2009

La era de Trujillo





Rafael Leónidas Trujillo, se instaló en el poder en 1930. El ascenso de Trujillo al gobierno le dio seguridad y fortaleza al futuro dictador del país. La población en ese momento estaba totalmente desarmada y no habían grupos que fueran capaces de hacerle frente.
Trujillo había aprendido de su experiencia en la policía, que había sido creada en el país unos años antes por los Estados Unidos, en donde él había recibido adiestramiento. No tardó en demostrar que tenía la capacidad para manejar los métodos de control necesarios durante la ocupación de los norteamericanos en el país, para luchar contra los entonces llamados “gavilleros” y reprimir cualquier tipo de oposición a su gobierno.
Trujillo utilizó el ejército que había creado con astucia y dirección para imponer su dominio por medio de la violencia cuando considerara fuera necesaria. Ejerció los mecanismos de control con la intención de sentar precedentes de lo que le esperaba a cualquiera que no estuviera de acuerdo con su régimen político y su gobierno. Utilizó toda clase de violencia, sin excluir la tortura y el asesinato para mantener el control.
Ya para el 1931, un año después de haber tomado posesión del gobierno, se había convertirse en el hombre más rico del país, antes de completar el primer cuatrenio de su gobierno. Para lograr esta posición se valió de todos los subterfugios posibles. Creó una ley que prohibía la producción de salinas marítimas. Con esto obligaba a la población en general a consumir la sal de las minas de Barahona cuya producción él controlaba y el dinero obtenido de estas ventas iban a engrosar su propia fortuna.
Otra fuente de enriquecimiento que utilizó el tirano fue la creación de un banco manejado por su esposa María Martínez en donde los empleados públicos tenían que cambiar sus cheques pagando un porciento por el cambio. Véase Frank Moya 514). Con este dinero Trujillo compró acciones en varias empresas del país, y gracias a esta maniobra terminó arrebatándoles a sus dueños las empresas más rentables.
De otra parte cabe decir que Trujillo utilizó el poder para enriquecerse aún más y favorecer a los miembros de su familia y a sus amigos. Se propuso desarrollar la riqueza nacional con el propósito de incrementar la suya propia por medio de los beneficios que obtuviera la nación. Continuó una política agrícola iniciada ya en el gobierno anterior.

En 1958-1960 la tiranía acoge a los grandes dictadores derrocados por convulsiones políticas que demandan cambios en América Latina. Juan Domingo Perón, Gerardo Machado, Fulgencio Batista y Rojas Pinilla se exilaron en la República Dominicana. A pesar de las numerosas conspiraciones y las invasiones que se organizaron en su contra en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Trujillo logró mantenerse en el poder desde 1930 a 1961.
De las invasiones realizadas por los exiliados dominicanos, la del 14 de junio de 1959 procedente de Cuba, fue la que sacudió la conciencia de sectores jóvenes y profesionales. Aunque la invasión fracasó, estimuló las actividades conspirativas que llevaron a la formación de un movimiento clandestino que luego se llamó “14 de junio”. A pesar del fracaso de este intento, ello creó problemas insolubles al régimen trujillista. Muchos dominicanos creyeron que podrían encontrar apoyo en el gobierno cubano dirigido por Fidel Castro y se dispusieron a conspirar. Esta conspiración se extendió ampliamente, pero en el 1960 se descubrió y las cárceles del país se llenaron de centenares de presos. A la par con esto, el régimen trujillista en esta época continuaba poniendo en práctica sus viejos métodos de terror. Vigilaba y acosaba a los ciudadanos, de forma continua, torturando tanto a los presos políticos como a los opositores a su gobierno.
Danilo de los Santos, historiador dominicano, señala, que la negativa del clero a darle a Trujillo el título de Benefactor de la Iglesia, trajo como resultado la represión de la población y decenas de crímenes por todo el país. A partir de ese momento Trujillo le declara una guerra sangrienta y psicológica a la Iglesia católica dominicana.(366) No obstante estos atropellos, la Iglesia denunció las atrocidades y los actos de violencia, desde el púlpito, clamando justicia y pidiéndole al gobierno que respetara los derechos humanos.
Trujillo se había expresado numerosas veces durante su largo periodo como jefe del Estado y personalidad dominante en la política dominicana como firmemente convencido de la influencia benéfica de la Iglesia. Sin embargo una serie de incidentes vinieron a enturbiar esta aparente armonía. En los primeros meses del 1960, hubo un número considerable de arrestos en el país. Los seis obispos de la República dirigieron una carta pastoral que exigía el respeto por los derechos, la inmunidad del hogar de violaciones arbitrarias; libertad de reunión y de derecho para emigrar. Se desató una campaña llevada a cabo para conseguir para el entonces presidente dominicano el título de Benefactor de la Iglesia Católica, tentativa resistida por el episcopado.
Durante el 1960 las relaciones entre Iglesia y Estado había ido enconándose, hasta el punto de que la primera se hallaba bajo ataque permanente por parte de la prensa y las emisoras de radio del Estado. En el 1961, monseñor Reilly mandó leer en su Catedral una comunicación en que acusó al régimen de una larga serie de violaciones de los derechos humanos, acompañados de acatos de intimidación y de persecución.
La situación social y política en la República Dominicana en estos treinta años se agravó tanto que llegó a sembrar el pánico en todos los que vivían bajo el régimen. Esta situación se debió a las intrigas y control ejercido por la vigilancia constante de parte del gobierno dominicano. Todos los crímenes que se cometieron incluyendo aquellos en contra de los miembros de la Iglesia lograron desacreditar a Trujillo en otros foros internacionales.
Un grupo de hombres dominicanos que incluía representantes de las autoridades del país además algunos miembros del ejército, consideraron asesinar a Trujillo. El 30 de mayo de 1961, este grupo de hombres esperó al dictador en las afueras de la capital de Santo Domingo cuando éste se disponía a visitar una de sus amantes en la Hacienda Fundación. Los participantes del atentado en contra de Trujillo en su gran mayoría eran miembros de la burguesía y la clase media dominicana. Algunos de ellos formaban parte del gabinete de Trujillo y disfrutaban de su generosidad y confianza. Sin embargo, los crímenes y sucesos que la dictadura de Trujillo llevó a cabo durante esos años no eran bien vistos por sus colaboradores. Estos no podían emitir ningún juicio al respecto ya que temían que les pudiera costar la vida.
Finalmente Trujillo fue asesinado en las inmediaciones de la Avenida George Washington, lugar donde éste fue interceptado por un carro que le impedía el paso y logró detenerlo. Le balearon al igual que su chofer quien se había arrastrado en medio de la noche entre los matorrales. La noticia de la muerte de Trujillo causó temor a la mayoría de los dominicanos que habían sufrido treinta años de dictadura. La incertidumbre y el terror se debía a las consecuencias que esperaban en respuesta al crimen por parte de los familiares de Trujillo y sus amigos más cercanos.

La noticia de la muerte de Trujillo se informó en los periódicos locales a primera hora de la mañana. También se expusieron las fotos de cada uno de los miembros del complot que habían participado en el atentado. Fueron denunciados por uno de los participantes a quien torturaron y obligaron a confesar los nombres de los implicados en el asesinato.

Doris Melo
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