viernes, 8 de julio de 2011

Antígona Velez de Leopoldo Marechal Reescritura griega que refleja aspectos históricos y políticos de la dictadura de una época





Antígona Vélez, del argentino Leopoldo Marechal es una tragedia que se estrenó en 1951 y recibió el Primer Premio Nacional de Teatro. Siguiendo la Antígona de Sófocles, la Antígona de Marechal está constituida básicamente por tres personajes, de los cuales sólo Antígona continúa con el nombre de la tragedia homónima, mientras Don Facundo equivale a Creonte, y su hijo, Lisandro Galván, al amado de la Antígona sofoclea, Hemón.
En Antígona Vélez, se hace evidente lo que Gerard Genette en su obra considera como intertextualidad o transtextualidad que viene a ser la copresencia entre dos o más textos en una obra literaria. De manera que el texto clásico de Sófocles, Antígona, vendría a ser el hipotexto que sirve de referencia al hipertexto, la reescritura hispanoamericana, en este caso Antígona Vélez, que remite a situaciones particulares de dicho texto, en la cual sus relaciones son numerosas y en ocasiones decisivas, como veremos más adelante.
Al igual que en la tragedia clásica, en Antígona Vélez, Marechal utiliza un coro formado, de un lado, por hombres, trabajadores de la hacienda La Postrera y, por otro, de mujeres, entre ellas de la servidumbre y de familias del difunto. Además, existe un coro de brujas. El coro nos informa acerca de la muerte de los dos hermanos, Martín e Ignacio, quienes se enfrentan en una guerra entre bandos opuestos. Por un lado, Martín defiende los intereses de los blancos, y, por otro, Ignacio se ha pasado al bando de la barbarie, constituido por los indios. Ambos hermanos mueren al enfrentarse en esa batalla. En la hacienda La Postrera, se lleva a cabo el velorio de Martín Vélez.
Por otro lado, vemos cómo en el hipertexto de Marechal aparece un enfrentamiento: la civilización humana, blanca, en oposición a la barbarie del medio al cual se asimilan las culturas indígenas de los argentinos. Marechal presenta una visión de lo que ha ocurrido en la historia de Argentina, seguido por un pensamiento liberal que sentó las bases de su conocimiento, la visión de la “Conquista del desierto”, la cual no es más que la lucha reñida y sangrienta de la barbarie.
Al igual que Creonte en el hipotexto sofocleano, en Antígona Vélez se produce un enfrentamiento entre Antígona y don Facundo, un desafío entre dos lógicas de acción, dos leyes de distinto orden, lo humano y lo divino. Don Facundo Galván prohíbe el entierro de Ignacio Vélez, a quien se le considera un traidor, mientras que a Martín se le llora y se le reza en la casa. Antígona pide a Don Facundo que le permita enterrar a Ignacio, a lo cual él se niega rotundamente.
Antígona Vélez, al igual que en el hipotexto de Sófocles, desobedece las órdenes de Facundo y entierra a su hermano, asumiendo las consecuencias. Al amanecer, llegan los peones con la noticia de que alguien ha enterrado a Ignacio. Facundo investiga quién es el responsable y encuentran tierra en la ropa que usó Antígona durante la madrugada. La llevan frente a Don Facundo, quien la interroga e intimida. Antígona responde sin miedo alguno, aceptando con dignidad su destino. En Antígona Vélez, Marechal le da un giro diferente al texto en cuanto a la muerte de Antígona, colocándola en un caballo que correrá hacia el Sur donde con seguridad encontrará la muerte al enfrentarse a los indios. Por otro lado, Lisandro, el enamorado de Antígona, hijo de Don Facundo, trata de evitar esa muerte, pero la misma Antígona no se lo permite y pide a los peones que lo sujeten mientras ella se aleja en el caballo. Lisandro, desesperado, corre en un caballo tras Antígona para acompañarla en la muerte, ya que él no desea vivir sin ella. Al amanecer, los peones le llevan a Facundo los cadáveres de Antígona y Lisandro, que habían quedado atravesados por una misma lanza.
Entre el hipotexto de Sófocles y el hipertexto de Marechal existe un parecido en la rivalidad que éste presenta entre los dos hermanos, Martín e Ignacio Vélez, y el mismo antagonismo presentado por Sófocles entre Etéocles y Polinices, con una diferencia entre los personajes de Marechal, ya que éste los desarrolla en la pampa, que como ya hemos referido se constituye en un espacio sumamente importante en la Argentina de los años cincuenta. Allí se resolvían los conflictos entre los indios, la “barbarie”, y la “civilización”. No es coincidencia que Don Facundo Galván refleje el poder absoluto en la hacienda La Porteña. Así vemos cómo este personaje nos remite al personaje de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), el caudillo riojano Facundo Quiroga, en la obra Facundo (1845), en la cual se presenta la disputa entre los federales y los unitarios, entre lo urbano y lo rural, producto de los conflictos que se produjeron en Argentina inmediatamente después de la Independencia en 1816.
La obra de Marechal presenta un caudillo que defiende la supuesta civilización que impera en Argentina y lo lleva adelante, actuando contra sus oponentes con todo el peso de la ley. Don Facundo Galván representa, además, al déspota ilustrado que con un supuesto noble objetivo, cuyo fin es el de crear orden y terror, se vale de la fuerza bruta para lograr respeto.
El Facundo Galván de Marechal difiere del Creonte de Sófocles, porque en él no hay arrepentimiento. Está absolutamente convencido de que ha obrado bien, conforme a su forma de pensar. Al igual que en la obra de Sófocles, Facundo Galván impide a las mujeres traer a la hacienda a Ignacio, llorarlo, rezarle y darle sepultura.
La Antígona de Marechal ofrece unos rasgos firmes, semejantes a los de la Antígona griega. Admite la muerte de su hermano, pero no que lo dejen a la intemperie sin sepultarlo como los dioses mandan. No asiste al velorio de Martín, tampoco llora su muerte. Desafía a su tío Facundo, cuya voluntad es absoluta en la pampa. Sólo le queda enterrar a su hermano, aceptar su destino, y esperar tranquila y serena a que se desencadene su destino. Por otro lado, observamos cómo en el hipertexto de Marechal, éste, le da a Lisandro el mismo tratamiento que en el hipotexto Sófocles se le da a Hemón, al no abandonar a su amada. Antígona Vélez, contrario a la protagonista de Sófocles, no tiene oportunidad de escapar de la muerte, ya que ha sido condenada sin ninguna esperanza. Sin embargo, la Antígona de Sófocles es condenada a vivir alejada de todos en una cueva y allí morir. Ante tal situación, se suicida. No obstante, Creonte, unos días después, va a la cueva con intención de perdonarla y la encuentra muerta. La Antígona de Marechal no tiene ninguna posibilidad de vivir, pues ella sabe y acepta su destino, yendo al Sur donde le espera la muerte al enfrentarse a los indios. Ir al Sur implica la condena a la barbarie, una forma de destierro para ella. Lisandro quiere protegerla, pero ella sabe que si no son los indios quienes la matan, es el mismo Facundo Galván quien ha decretado su muerte y los perseguirá a ambos.
Según Pablo Martínez, en Antígona Vélez el coro es uno de los elementos principales y más complejos de la obra, ya que está formado por varios coros: uno de hombres, uno de mujeres, uno de peones (corifeo), uno de mozas, y otro de brujas, los cuales cumplen el papel de expresar la tristeza colectiva. Por otro lado, señala que el lenguaje de ésta tiene gran fuerza expresiva y en ella hay relatos líricos como en el coro griego (104). Refiriéndose al caso de las brujas, señala que éstas constituyen una aportación original de Marechal al viejo mito griego. Las brujas, no obstante, son modernas. Considera, además, que su diálogo es grotesco, pero, al enjuiciar a Antígona, adquiere unos tonos graves y sombríos. Sus enigmas sólo tienen por objeto anticipar la acción que sucederá posteriormente, como le corresponde al oráculo o a Tiresias en muchas de las historias trágicas. Ellas vaticinan la heroica acción de Antígona (105). Martínez refiere que la lucha por la conquista del espacio de la pampa es el marco general de la obra. Todo se resume a una ley sencillamente repetida por Facundo Galván, el Creonte de esta pequeña Tebas, la hacienda La Postrera, donde la tierra es o no es del ser humano que la habita. Allí, la lucha es permanente con el medio, el cual nutre la población indígena, siguiendo la tradición de la literatura de frontera, de manera que los indios constituyen un peligro, así como la falta de agua o alimento en la pampa. Es en esa lucha permanente que Don Facundo Galván aparece tan tirano como el Creonte de Sófocles (43).
Por otro lado, sigue afirmando Martínez, en esta obra aparece otro enfrentamiento. Se trata de la civilización humana blanca, europea, contra la barbarie del medio al cual absorben las culturas indígenas. Podemos ver cómo Marechal ofrece una visión del desenvolvimiento histórico de la pampa argentina, siguiendo el pensamiento liberal que sentó las bases de la visión de la conquista del desierto. Es la lucha encarnizada de los argentinos por civilizar un medio bárbaro. La civilización y la lucha contra el medio geográfico adverso es representada en símbolos recurrentes en esta obra: el arado y el sable, el llanto de las mujeres y la sangre de los hombres (45).
Rómulo E. Pianacci propone en su libro Antígona: una tragedia latinoamericana un estudio sobre la presencia de Antígona en el teatro hispanoamericano. Pianacci comienza su estudio con los orígenes del mito, dando paso al desarrollo del tema de Antígona en reescrituras europeas durante el siglo XX. A través de numerosas versiones latinoamericanas, incluyendo varios textos inéditos, muestra la presencia del hipotexto clásico, la funcionalidad del mito y su re-significación en las distintas circunstancias y contextos. Afirma que en el caso de algunos dramaturgos argentinos el referente principal aún sigue siendo Europa, sobre todo expresa esa afirmación refiriéndose a la reescritura de Leopoldo Marechal en quien percibe un echevarriano romántico tardío o neocriollismo (9). Señala que la obra del dramaturgo puede observarse en su totalidad como una poética que incluye la poesía, el teatro, el ensayo y la novela (84). Pianacci propone que en Antígona Vélez, la protagonista sale al área inculta que rodea el espacio civilizado y patentiza la invasión de la mujer del espacio privativo del varón (86). Apunta, además, que Marechal conduce a Antígona a la muerte valiéndose de un resignado travestismo reactualizando las conductas de la princesa sofóclea, poco adecuadas al modelo genérico de la época (86). Afirma que tanto el lenguaje, como la estructura y el tema de esta versión de Antígona se encuentran profundamente anclados en el pensamiento político militante de su autor y refleja la ideología oficial predominante en la sociedad argentina de la época. Su paralelismo con la realidad de entonces valoriza, en cierto punto, más sus calidades como circunstancia de documento que como discurso de contemporaneidad (87).
María Margarita Doncel señala que la transgresión de Antígona se convierte en Hispanoamérica en símbolo de los ideales humanos de paz y libertad en contraposición a la opresión política. Afirma que Antígona Vélez se desarrolla en el último cuarto del siglo XIX. Esta época se conoce como “La conquista del Desierto”, que tiene como objetivo el exterminio de los indios de la pampa (3).
Antonio García del Toro, en su trabajo sobre Antígona Vélez y La pasión según Antígona Pérez”. En ella, se traza la evolución de la tragedia de Sófocles desde la Antigüedad, observando las Antígonas europeas (alemanas, inglesas y francesas), para concluir con las Antígonas hispanoamericanas. El autor sólo analiza ampliamente la Antígona Vélez, de Leopoldo Marechal en Argentina, y La pasión según Antígona Pérez, de Luis Rafael Sánchez en Puerto Rico.
Los planteamientos fundamentales de García del Toro son los siguientes. Señala que en Antígona Vélez la tierra y las leyes que el hombre impone ante la naturaleza simbolizan esa fuerza inhumana que da fin a la protagonista (54). Entiende que en la obra de Marechal hay una reestructura del mito tebano, colocándose junto a la temática sofóclea temas que manifiestan la realidad del hombre hispanoamericano en su lucha por conservar el suelo patrio (57). En ese sentido, Antígona Vélez podría leerse como una mimesis del sistema político argentino.
Por su parte, Migdalia González Pérez escribe una tesis doctoral para el mismo Departamento de Estudios Hispánicos que se titula “La pasión según Antígona Pérez y la tradición antigoniana en el teatro europeo e hispanoamericano”. En ella trata de establecer hasta qué punto los dramaturgos se sirven del mito sofocleo y hasta qué punto se distancian de él. Discute, además, cómo La pasión de Antígona Pérez representa una aportación dentro del desarrollo del mencionado mito en el ámbito específico del teatro europeo e hispanoamericano actual. No obstante, la autora sólo trata, al igual que Del Toro, la Antígona Vélez, de Leopoldo Marechal en Argentina, y La pasión según Antígona Pérez, de Rafael Sánchez en Puerto Rico.
Los planteamientos fundamentales de González Pérez son los siguientes. Señala que el desvío respecto a la tragedia de Sófocles no puede ser más evidente en la obra de Marechal, porque su drama es histórico. Refiere que el dramaturgo ha convertido el conflicto político religioso en otro esencialmente telúrico y familiar, en el cual desaparecen tanto el “fatum” sofocleo como el heroísmo cívico (136). Opina que don Facundo no es político, sino agricultor; ni Antígona es disidente desde el punto de vista ideológico, sino que reconoce el mérito de las intenciones de Facundo. La hija de Edipo quebrantará la prohibición que éste le da y sepultará a su hermano desertor. Bien es cierto que se trata de una sepultura cristiana, ya que se coloca una cruz sobre su tumba. Es una tumba que todos respetan y representa una nueva divergencia en comparación con la obra original (136).

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